jueves, 17 de septiembre de 2026


 

FLIPADOS PERO NECESARIOS

¡Cuántos años llevaba Dai esperando esa llamada! Y aun así, aunque sabía que algún día tendría que llegar, fue antes de lo esperado. Un día cualquiera de septiembre, sonó su móvil y, contra su costumbre, cogió la llamada, porque estaba (también contra su costumbre) tirado en el sofá. Y al otro lado de la línea sonó la voz cavernosa de Michael Knight. 

No muchos días después, una propuesta de compartir un rato con un bono 2x1 de Oferplán en el Circuito Indoor “Marineda” de Sevilla, se había convertido en una convocatoria de 7 pilotos, cosa no vista por aquí desde hace tantos años que mejor ni pensarlo. Ya sabíamos que Dai, el integrante solitario del equipo Bebemos Mucho Whisky, es un flipado de los karts y de cualquier competición física en general, pero es que tras él, había en Jerez de la Frontera, agazapados esperando una oportunidad como ésta, cinco animales del asfalto de esos que se dejan arrastrar a cualquier plan que huela a gasolina. Todos compraron sus bonos 2x1 y se plantaron en Sevilla un miércoles a las seis de la tarde. Hoy en día cualquier día es bueno, si es el día en el que todos pueden.

Por el camino, Dai encendía a Michael Knight enviándole audios proponiéndo ideas para que las dos sesiones pagadas se organizaran de manera que aquello pudiera ser algo parecido a una carrera. Oyendo aquellos dislates, al Dueño del Scattergories se le despertaba el espíritu organizador y los engranajes cerebrales de maquinar carreras volvían a la vida. ¿Siendo siete, por qué limitarse a luchar contra el crono? La Oportunidad tiene una larga melena por delante, pero es calva por detrás, y si se deja pasar, ya no hay pelo del que agarrarla.

Cuando llegaron los extranjeros, ya estaba por allí Miguel-R inspeccionando el circuito para conseguir alguna ventaja extra, como si no se conociera ya el trazado de memoria. Llegaron en tumulto y ya subían todos a la planta superior, Dai el primero, para reconocer la pista, mientras por turnos se iban registrando. Quedamos en que la primera sesión sería libre, para conocer la pista y hacer tiempo. Y en la segunda, nos colocaríamos por orden y haríamos salida lanzada y una auténtica carrera. Para darle picante a la competición, Dai propuso que nos organizásemos con parrilla invertida. Hay pillín, qué bien te salió.

Briefing, cascos, foto de grupo y todos a sus karts. A Miguel-R y a Dai los sacaron los últimos, separados del resto. El más flipado, el que más ganas tenía, fue el que más tuvo que esperar. Dai no venía así que Miguel-R tiró y se fue a por el grupo. Qué diferencia los de gasolina con los eléctricos, que fue lo último que probó el piloto B del equipo amarillo. Esto sí es correr, aquí sí duelen los brazos y los riñones. Aquí sí hay respeto cuando llegas a toda velocidad a las frenadas fuertes. Los ocho minutos no se hacen cortos, es lo que aguantas si vas a muerte contra el crono. Cada cual hizo lo que pudo y quedaron en el siguiente orden: por debajo de 34 segundos, Miguel-R (qué vergüenza si no hace pole, siendo el único que conocía el circuito), Álvaro y Rodri; por debajo de 35, Dai y Periko; y en 35 y pico, Javierstappen y Toni.

Estábamos solos en el circuito; la tarde estaba para nosotros. Nos pudimos quedar junto a los coches comentando las jugadas. La siguiente sería ya carrera, otra cosa, y a Michael Knight le preocupó lo disciplinados que habían sido los jóvenes con las banderas azules, algo sorprendente. Positivo, pero que no podía repetirse ahora, sino todo lo contrario. Entonces aprovechó la cercanía de los empleados para comentarlo diplomáticamente. La respuesta de los responsables no pudo ser más positiva: Fuera banderas, y si queríamos carrera, habría carrera, y hasta nos darían la salida desde la parrilla, usando los semáforos rojos como en la Fórmula 1. Aquí ya no ganaría el que hiciera el mejor tiempo, sino el que llegara antes a meta. No dábamos crédito.

Se podía haber liado, porque un circuito indoor es lo que es: un Mónaco en miniatura y coches en fila con las paredes muy cerca. Y además, sin conocer bien el circuito. Esto con alguno de los veteranos que bien conoce Michael Knight no habría acabado bien. Pero ya estábamos en vuelta de formación, no había marcha atrás. Sólo cabía calentar neumáticos sin piedad y tratar de no equivocarse con la formación de parrilla. Los semáforos se apagaron y rugieron los motores. Un poco más tarde los de Dai y Periko, que estaban distraídos charloteando entre ellos. En cualquier caso no hubo incidencias y muy pronto todos estaban en fila india deslizándose entre las chicanes enlazadas. Los de delante no se escapaban aún ni hacían un tapón serio. El grupo iba estirado, pero muy cerca unos de otros, esperando la oportunidad con una limpieza nunca vista por el que escribe estas líneas. Parecían veteranos. Álvaro recuperó pronto el puesto perdido en la salida con Miguel-R, con un adelantamiento increíble a final de meta, que el adelantado aún no ha visto venir. Toni y Javierstappen pagaron su menor experiencia y empezaron a perder posiciones. En cabeza ahora estaba Periko, seguido de cerca por el resto. Tapaba huecos a Dai, y Rodri se los tapaba sucesivamente a Álvaro o a Miguel-R, los cuales se iban devolviendo pasadas. No se podía hacer buenos tiempos porque había que nadar y guardar la ropa. Dai lanzaba a Periko el señuelo de quererle adelantar por el interior, y así curva tras curva esperando a que picara. En una de esas, por frenar un poco de más para preparar su trampa, casi se lo lleva por delante Rodri, que aunque preocupado por lo suyo, también estaba ahí. Finalmente Periko picó y salió demasiado lento de la curva, dejando abierta una mínima puerta por la que se coló Dai para ponerse en cabeza. Mientras tanto, Rodri era inadelantable, y aun así Miguel-R lo intentó temerariamente en la horquilla de 180º. Se lanzó al interior confiando en que habría un agarre que no llegó, y se fue recto hasta las protecciones, por suerte con el monoplaza de costado y perdiendo poco más que la dignidad, y perdiendo de nuevo el puesto con Álvaro. Ahora que Periko podía ser presa de Rodri, éste hizo algo más que protegerse y le ganó la posición. Dai se había distanciado lo suficiente, pero detrás suya se peleaba cada palmo. Todo cambió en un instante para Rodri. Entró muy fuerte en la curva rápida del fondo y el kart le culeó demasiado cerca del muro. Tocó con el eje trasero y su bólido le hizo un Bisbal. Periko, Álvaro y Miguel-R pudieron esquivarlo y seguir adelante sin formar montonera. No quedaba demasiado tiempo. Lo que fuera a hacerse, había que hacerlo ya. Miguel-R, el piloto local, picado en su amor propio, apretó los machos en los últimos giros, y se preparó una salida de la horquilla con buena velocidad y, aprovechando que los otros dos se molestaron, se coló por el interior en la siguiente, y encaró la última recta de la carrera en paralelo con Álvaro, que no quiso ceder justo ahora y trató de aguantar la posición. Ni siquiera en el zigzag se rindió y Miguel-R, no queriendo estropear a estas alturas tan bonita prueba le dejó el sitio justo para que siguiera a su lado, sabiendo por otra parte que tenía el sitio bueno para la siguiente curva. Solo que no hubo siguiente curva: Tal y como pasaron por meta la carrera se les acabó y no tienen muy claro quién estaba delante justo en ese momento.

Ya hacía mucho que los motores habían parado de rugir y aún seguíamos comentando nuestras gestas allí mismo, entre los coches, con el beneplácito de los responsables, y también seguíamos mientras cogíamos nuestras cosas, y de camino a tomarnos un refresco. El más flipado, Dai, que lo que le faltaba además de todo era haber ganado. Quién lo aguantará ahora. No obstande, es un flipado necesario, y no sabe cuánto se lo agradezco.  Seguramente de camino a Jerez también siguieron flipando y ya están pensando en la siguiente: Darse un buen homenaje en un circuito brutal que, dicen,  se ha montado en Sanlúcar de Barrameda. Yo prefiero no mirar… por si acaso.

domingo, 19 de septiembre de 2021

MACHACAR EL CRONO



Llevaba una semana trastornado, inquieto, más activo de lo habitual. Sensaciones olvidadas se abrían paso entre las telarañas de la rutina, se sacudían el óxido del abandono, qué digo, se encendían con los rescoldos de una Previa que no se había sabido reconocer como lo que era, hasta que, una semana después, al pasar como tantas otras veces junto al Circuito Indoor de Sevilla, asomaron la patita y le impulsaron a dar un metafórico volantazo para entrar en el templo de la velocidad a darse un desahogo. Michael Knight había vuelto.

Siete días antes, una convocatoria sólo para charlar un rato, no para ir a la pista, se había materializado en un emotivo re-encuentro de pilotos de núcleo duro. Abrieron la senda los amarillos al completo, Cappi y Miguel-R; se unió poco después Javi Marcos, el que nos ganaría a todos pero juró controlar su fuerza para no destruir el mundo; llegó luego el azulón Mato, directo desde Madrid al parking de Paseo Colón y sin pasar por chapa y pintura; y sacrificó un rato de valioso sueño el muy necesitado Pedrós, del mítico equipo rojo-antes-rosa. El gran Trikartman se quedó varado en Madrid muy a su pesar. Varias horas después, sobre las que sólo diré que por fin hubo cierta sensación de vuelta a la normalidad, cada cual volvió como pudo a su casilla de salida… pero no todos volvieron como habían salido.

Tímidamente se acercó al mostrador. Estaba vacío, pero había coches en pista, así que no había que alarmarse. Al momento apareció para atenderle una señorita muy joven, con unos ojos grandes y muy bonitos asomando por encima de la mascarilla. Caminando por el afilado borde que separa el glamour de la veteranía del ridículo de la vejez, el piloto mostró sus credenciales. Pero era inútil. El circuito había cambiado de manos en su ausencia, y ningún rastro quedaba de sus andanzas. Pasó de nuevo por el trámite del registro y se resignó a ser un anónimo más que no tiene otra cosa mejor que hacer un viernes por la tarde que montarse en un coche pequeñito para jugar a conducir rápido.

Otra vez le preguntarían si era la primera vez que se montaba en un kart, otra vez le dirían que si tenía algún problema en pista se quedara sentadito esperando la ayuda, otra vez todo el protocolo… para los nuevos. Al alien que llevaba toda la semana creciendo dentro de él le faltaba ya tiempo para salirse por el pecho, aferrarse al volante y machacar el crono hasta que el ácido de su sangre disolviera la máquina en un amasijo de cachitos de hierro y cromo. Me he pasado con la metáfora, pero da igual, sigo adelante: Tuvo que esperar que terminara el turno que estaba en pista, que era para verlos y echarse a llorar, y otro turno después en el que un chaval, corriendo en solitario, se marcó unos tiempos que vamos, efecto túnel sufriría cuando bajó de 39 segundos. “Record de la semana”, apareció en el panel. Michael Knight se frotaba los ojos, ¿le ponían a huevo destrozar por 5 segundos los mejores tiempos de la semana o era todo un espejismo? Al de la pista se le veía torpe, muy mejorable, así que parecía lo primero. Como un Jinete Pálido del karting, el extranjero desconocido en el que nadie repara al principio, impartiría la justicia del crono...

Le llamaron a pista y le asignaron el kart nº 4, el primero de la fila. Vió el bólido algo cambiado de los Sodikart que él recordaba, pero se montó sin contemplaciones. Vaya, casi no cabía, algo raro pasaba, pero p'alante. A la derecha, había otra fila con coches como los de siempre. Ya me podían haber dado uno de esos, pensaba… Oyó voces a su espalda, el operario le hacía señas, pero hasta que no se acercó del todo, no pudo entenderlo. Que no era en ese 4, sino en el otro 4, el de la fila de la derecha. La ostia, había un flamante Sodikart con el número 4 también el primero, pero en la otra fila. Se había subido en uno para juveniles o vete a saber. El forastero no empezaba con buen pie.

Ahora ya mucho mejor en un coche de su medida, le dieron salida y no se dio ni media vuelta para calentar los neumáticos, aunque sabe que en estas pistas hasta la quinta o sexta vuelta no están para partir la pana. Como un fanático, apretó todo lo que pudo desde el principio, arriesgando en cada frenada, en cada giro, y miraba el panel. Finalmente vio tiempos de 33 segundos. Vueltas y más vueltas. Le pareció ver un tiempo de 32 segundos, y siguió apretando. Le fallaron las fuerzas y un par de veces se empotró de costado en el exterior de la curva a izquierdas que hay tras la chicane, y en otra casi trompeó y acabó medio cruzado en la pista. Ya se le hacían muy largos los diez minutos de la sesión, pero seguía apretando, con los brazos al rojo, por si sonaba la flauta y conseguía rebañar una décimas más a aquella otra vuelta. Pero no pudo ser. Vinieron al rescate señalándole la salida y ahí acabó todo.

Ya no hay papelito de tiempos. Ahora te lo envían por email. Tampoco hay redecilla para el casco, sino que junto con el primer ticket te llevas, pagándolo, una especie de pasamontañas como el de los auténticos pilotos para cubrirte la cabeza. Se supone que lo tienes que guardar y llevar contigo si vuelves al circuito. En fin, novedades, algunos cambios para que nada cambie. A la de recepción le reconoció Michael Knight, siempre demasiado sincero, que se había ganado agujetas para una semana. Pero también le dijo, ojo, que había bajado de 33, y que la próxima vez vendría con amigos. Lo que dije al principio, totalmente trastornado.


martes, 5 de febrero de 2019


NO ESTABAN MUERTOS…




















Llegamos con una ilusión algo exagerada al indoor de Sevilla. “Cómo corren esos coches” decía alguno, pero quizás no era para menos: no hacíamos algo parecido a una reunión de karting desde… ¿2013? Mejor no pensarlo demasiado. “¿Estos no eran eléctricos?” decía Pedrós, confundiéndose con aquella Comisión Evaluadora del indoor de Jerez de la Frontera, de la que formó parte en las navidades de 2010. Cappi y Miguel-R ya habían probado el circuito en modo lucha contra el crono y eran interrogados sobre los tiempos por los otros dos. “Treinta y tres, treinta y cuatro, por ahí” pero los que estaban en pista hacían treintaiunos y treintaidoses. Cuidado, que ya no éramos aquellos.

Empezaba la semana plomiza y sin expectativas, pero la celebración en Sevilla de los Premios Goya animó a Mato a coger un billete de AVE, para venirse junto con el resto de madrileños de la farándula, y esta vez lo avisó con tiempo para que cristalizara lo que siempre se proponía pero nunca se hacía. El dueño del Scatergoris propuso y el resto dispuso. El Kartman venía a Sevilla, pero tarde para apuntarse, así que fueron cuatro kafrianos, todo un éxito. ¿Reserva? Para qué, a la aventura. Mato se levantó de la siesta de pijama con heroica voluntad, recogió al maño y al camionero y se dirigieron al recinto, donde ya esperaba Cappi analizando la situación. “Venga, que aquí está ya media Alcalá y media Mairena”, pero no era para tanto: Nos daban una media hora para la primera sesión. Luego un descansito y a por el doblete.

Los que estaban en pista zumbaban tela, como ya he dicho, y casi que empezaba a preocuparnos un poquitín molestar. Sólo casi. Desde el palco, el maestro Cappi ya aleccionaba sobre las trazadas buenas y Mato memorizaba cada ínfimo detalle. Luego sacaron a la pista a un chaval sólo, que en su primera pasada por la horquilla acabó empotrado de frente contra el exterior de las protecciones, y en las siguientes casi lo mismo. Seguramente por eso no le pusieron compañía. Después, un grupo de nivel demasiado dispar, que jugaron a los coches de choque, y luego nuestro turno. Habíamos pensado que nos tocaría solos, y que nos agruparíamos y toda esa mierda, pero nos metieron unos cuantos compañeros, que pensábamos que serían de los que zumbaban. Miguel-R se hacía caquita y les decía a los otros tres: “Que pasen”. Luego resultó que no eran.

Salió primero el amarillo B, con la camiseta del equipo por debajo de la sudadera porque hacía frío, y esperó al grupo sin descuidar el calentamiento de los neumáticos. El amarillo A, luciendo más honrosamente la camiseta, llegó, pero los otros dos pavos no se sabe qué hacían. Finalmente, Cappi empezó a apretar y en hueco mal cerrado por Miguel-R se tocaron y hubo montonera. Agrupamiento por las malas. Miguel-R siguió primero, pero Cappi pasó a la cola. Aquel, para no correr sólo, siguió esperando compañía y hubo diversión, aunque difícil ya de saber con quién. Hubo un tortazo por detrás y activaron el limitador de los karts. Alguien aprovechó ese momento para pasar a cabeza, quizás Mato, pero ese no esperó a nadie. Y así seguimos. Una buena primera toma de contacto.

Les tocaba ahora a un grupo que nos llamó la atención por la cantidad de pilotos y por lo que tardaron en montarse. Preguntando nos enteramos de que era una carrera gratuita que organizan todos los viernes para los que hayan hecho los mejores tiempos ese día (o algo así, no me hagan mucho caso). Había sorteo de coches y por eso tardaron más. Hubo también vuelta de calentamiento y parrilla de salida. No dieron mal espectáculo, se notaba que era gente que controlaba.

Después de la primera sesión ya teníamos la moral más animada. Nos veíamos en la carrera gratuita de los viernes si hubiéramos querido. Para la segunda ronda otra vez nos pusieron compañía. No sé si serían los mismos de antes, pero hicieron bien de sparrings, poniendo ese puntito picante que da el encontrarse coches lentos o directamente cruzados en curvas ciegas. Miguel-R, que salía otra vez primero, se tomó más en serio lo de esperar, y se echó a un lado tras la primera vuelta. Pasaron Cappi y Mato como una exhalación, pasó Pedrós, y ahí se puso aquel a chupar rueda. Los otros dos, a hacer tiempos, y los compañeros desconocidos a estorbar lo justo. El Toro Rosso cerraba bien los huecos y había diversión. Por un momento tuvieron muy cerca a Cappi y parecía que habría trío, pero algo les hizo perder el contacto. El maestro amarillo también iba buscando su crono. Miguel-R buscaba el hueco imposible y a punto estuvo de encontrarlo un par de veces en unos arriesgados paralelos en las “zonas prohibidas”, pero sabía que su rival no eran de los que ceden y cedió él, como suele suceder. Más adelante, uno de los sparrings hizo estorbo y propició el cambio de posiciones. Ahora fue el del equipo rosa el que pisó los talones al amarillo y así hasta el final. Mientras tanto, Cappi se divirtió con lo que se fue encontrando y Mato, ¡cómo no!, tuvo que cambiar de coche por avería, le dieron uno muy bueno, y en las tres vueltas que le quedaban, marcó un tiempazo por debajo de 33. Estaba eufórico, no quería hablar de otra cosa.

Antes las carreras de karts nos daban una buena excusa para comer por ahí sin nuestras mujeres e incluso tomarnos, a la noche, unas copas. En estos tiempos en cambio, a Michael Knight le parece que serán las salidas nocturnas las que darán la excusa para una previa de karts, que es lo que fue esto del viernes. A la salida, un poco tarde ya y con hambre, sin tiempo para duchas ni zarandajas, directos se fueron al Centro todos menos Cappi, aún mucho Pappi, y finalizando la cena aparecieron el Sr. Javi Marcos, mucho señor pero nada kartiano, y el gran Pablo Kartman, deseoso de oír hablar de adelantamientos, trazadas y récords de vuelta. Mientras los famosos estaban en sus fiestas privadas, Mato tocaba el violín de oído y sentía algo y Pedrós disertaba sobre el Condominio. Hubo bloqueos, cinturas de avispa, rebecas cuyas cremalleras se resisten a bajar y gente simpática cuya edad media bajaba según avanzaba la noche. Un gay de aspecto vampírico fue atraído por el olor a hombre del piloto amarillo y trató de seducirlo hablándole despacito de títulos nobiliarios y de presentarle a Rosauro Varo. Tienen menos peligro los karts. El Toro Rosso se fue a la cuadra el primero, a pesar de la siesta, y quedaron cuatro. Los amigos de las cometas estaban que querían pero no podían y del azulON mejor no saber lo que estaba haciendo. Miguel-R se desabrochó otro botón, pero ya era tarde para remontar esta carrera. Se retiró a boxes y sólo quedaron los tres de la frente larga, uno de los cuales, no diré quién, le había dicho a Michael Knight a lo largo de la noche: “Si hay crónica, lloro”.

Llora, Tomás, porque no estaban muertos. Estaban de parranda.

lunes, 6 de julio de 2015



RITMO IMPLACABLE
Se lo dijo desde la cabina del Circuito de Alcalá del Río, tal y como bajaba de su kart, uno de los encargados: “¡Oleg, has roto el record de la pista!” En Jerez de los Caballeros lo que había batido fue el record de sanciones en un mismo GP. Pero cuando a un piloto le llaman por su nombre los que trabajan en un circuito, el resto de la muchachada ya se puede echar a temblar. Y así fue, nadie pudo parar a ese ruso menudito que, por lo que oí, para colmo tiene un kart de competición propio, lo cual, para Michael Knight, constituiría por sí sólo motivo de veto fulminante. Aunque sólo fuera por envidia cochina.
De todas maneras, que se fiche a pilotos ultracompetitivos nada cambia para mi perspectiva de Miguel-R, pues a los de siempre también los veo cada vez más lejos. Sin coche malo, sin accidentes ni averías, en definitiva, sin excusa tras la que esconderse. Los coches de delante se me escapan y los de detrás me cogen. Decía Fernando Alonso en el briefing que en ésto el 70% es coche y el 30% es piloto. Si es así, mi 30% de piloto no está aportando. Mejor le iría al coche yendo solo.
Pero quizás me estoy adelantando demasiado y centrándome en lo personal. Retomo el hilo de los acontecimientos. A la hora convenida ya estaba allí el Comité Unipersonal formado por Raúl Samper cargando con todo el peso organizativo. Otros se lo tomaron con más calma para llegar, quizás contando con que antes del ocaso no se saldría a pista. Faltaban algunos ilustres, como Senna, Fitipaldi y AJ Speed, y por otra parte me encontré con caras que no veía hace tiempo, como las de Fidel y Juanda, ésta última con claros síntomas de dormir poco últimamente. Precisamente charlando con Peter y Fidel, comentó éste lo difíciles que se estaban poniendo las carreras, tanto que no veía claro meterse ni en la Final C.
Nada más terminar mi sesión de Clasificación con el kart 7 tuve el primer susto: El penúltimo de los ocho, a unos tres segundos del tiempazo de Olé Oleg. Me había tocado un coche malo, obviamente, aunque aparte de una dirección algo durilla, no había notado nada. Los de la otra sesión marcaron todos buenos cronos, así que ya era oficial: el 16º de 17. ¡No pasa nada! Aún se me ocurrían algunas excusas. Además, para la Semifinal me tocó el kart 18, justamente ese con el que el ruso (que me perdone si es ucraniano o similar) había hecho record. No descartaba aún una épica remontada.
No era dinamita, pero el coche efectivamente tiraba. Eso sí, en la Semifinal, llegando por primera vez a la curva cerrada del fondo (curva 2) aún iba el último. Remonté un puesto porque Fonta entró colado y estorbó a Raúl Vázquez.  Luego, en el paso por la chicane, algo hubo entre Fonta y Juanda y acabé por pasar a los dos. Total, que antes del primer paso por meta ya iba quinto, a un paso de la Final A. Los cuatro de delante (Oleg, Samper, Peter y otro que no identifico) habían abierto un poco de hueco, pero con toda la carrera por delante, un buen coche y nadie que me molestara veía más que factible alcanzarles. Pobre iluso.  Pasaban las vueltas y el hueco se me hacía un abismo. Ya no había excusas, sólo el ritmo implacable y machacón de los que están más finos y te arañan décimas en cada palmo de asfalto. A los cinco minutos me pasó Raúl Vázquez hecho un torbellino y más adelante también el Rookie, el cual, para mi desconcierto final, llevaba el kart 7.
Me rindo a la evidencia, la Final B es ahora mismo el lugar natural de Miguel-R… y porque no hay Final C. Desde la grada veía cómo, en la otra Semifinal, el kart 18 le valía a Sevi para pasarlo en grande y llevarse la victoria. Cualquier roce me hacía ya sangre, y se me iba la cabeza: por momentos pensaba cosas como qué hago yo aquí en lugar de estar con mi mujer y mi hija en casa.
Como si las bolitas quisieran animarme, me otorgaron para la Final B otro coche con buena fama, el kart 22. Pero fue más de lo mismo, buenas sensaciones al principio, pero luego sangría implacable de tiempo por vuelta y pérdida de posiciones. Mi compañero de equipo AJ Speed, para hurgar más en la herida, no tuvo ni que llegar a la Clasificación para quedar mejor que yo: salió a mi lado en la Final B y la ganó el muy canalla. Desmoralizado, aunque dándolo todo todavía, sólo me quedaba una más, que me pasara Damián con el maldito kart 7. Pensé entonces en el abandono, y a puntísimo estuve. Tanto que realmente me dirigí a boxes, pero por el rabillo del ojo vi la bandera de cuadros y pude rectificar a tiempo. Esa sí que hubiera sido una cagada antológica: abandonar a 50 metros de acabar.
Salí disparado para casa, así que me perdí una Final A bastante entretenida, en la que dominaron Olé Oleg y su amigo Lassaletta, y se marcaron dos estupendas remontadas Jero y Raúl Vázquez. Por suerte están ahí los magníficos vídeos que cuelga el Kartingaso para ver las carreras desde el privilegiado palco de las cámaras on board. Por lo demás, no quiero dejar de mencionar que la organización fue perfecta, tanto por parte del Uni-Comité como por los encargados de la pista. Un poco de retraso en empezar, pero a partir de ahí bastante bien.  Las tandas se sucedieron unas a otras sin demoras, con un único parón para hacernos la foto de grupo. Y ese es el único mérito que puedo atribuirme en tan nefasta jornada, pues desde que llegué al circuito fui dando el coñazo con que se hiciera antes del final del Gran Premio. Ya saben, para no quedarme otra vez fuera de plano.
En cinco semanas (cuatro, debido a mi retraso en publicar esta crónica) tendrá lugar la última carrera de este 10º Kartingaso. Tengo entendido que se repite en Alcalá, pero en sentido inverso. No me parece mala idea, dentro de la política del Kartingaso de que en verano las carreras sean nocturnas. Eso sí, habrá que llevarse más Aután para espantar a las hordas de insectos. Jero tiene en su mano ganar el Campeonato y romper así con la hegemonía de Senna y Fitipaldi. Se le ha visto estos días entrenando con un Fórmula 3 en el Circuito de Monteblanco. Así luego las carreras de karts las ve como a cámara lenta. Les digo una cosa: aquí hay unos cuantos que no pueden ser más jartibles.

viernes, 19 de junio de 2015

FUERA TELARAÑAS
 
Aprovecho que queda sólo una semana hasta el ansiado retorno a la pista para quitarle las telarañas al blog. Tal día como hoy, viernes, pero según se acaba la jornada, espero estar bien encajado en uno de los monoplazas del Circuito de Alcalá del Río, para disputar el 7º Gran Premio del décimo Kartingaso. Poco a poco van cayendo las confirmaciones, y aunque hay bajas importantes, entre ellas la de mi compañero de equipo, cuyas facciones ya se me van haciendo borrosas de lo poco que coincidimos, seguro que la participación será, como siempre, muy alta y de gran calidad. Tras un parón tan largo y en mi actual estado de abandono físico, no apostaría yo porque mi actuación vaya a ser para el recuerdo, pero allí estaremos con la máxima ilusión como siempre. Me gustó mucho el circuito, cuando estuvimos el verano pasado, y estoy deseando repetir, así que no lo digo más, quedan convocados para leer la crónica de los acontecimientos y no se confíen: todavía me puede tocar el coche bueno.